Lean … o simplemente pragmatismo y sentido común

Que el sector TIC es de los más inflacionistas de nuestro entorno es algo prácticamente fuera de toda duda. En los últimos tiempos, sin embargo, dicha inflación está tomando aires de exponencialidad, quizás no en lo estrictamente tecnológico pero sí en lo que respecta a las siglas y los «conceptos».

Sólo hay que mirar un poco hacia atrás para ver como el marketing alrededor del sector propugnó lo novedoso de los servicios Web (WS) hace unos años. Al poco tiempo casi quedaron eclipsados por las arquitecturas orientadas a servicios (SOA), más recientemente por el software como servicio (SaaS), la computación en la nube (cloud computing), etc. Ninguno de estos conceptos es exactamente lo mismo que los otros, ni se substituyen en entre sí tecnológicamente hablando, se trata más bien de evoluciones naturales, … Sin embargo la maquinaria del mercado acaba generando momentum, o hype como gusta a la prensa americana, alrededor de cada nueva sigla (tenga un nuevo concepto asociado detrás o no).

Por otra parte, esta dinámica inflacionista, provoca cierta apetencia por adoptar términos provenientes de otros sectores. Dichos términos tienen un contenido real y original en su sector de origen, pero no siempre lo acaban teniendo al traerlos al contexto TIC, por lo menos no como para crear productos, servicios, cursos, etc. O al menos así lo vemos.

Uno de los términos que ha aparecido en el espectro recientemente es el término Lean, aplicado en diversas formas como Lean IT, Lean IT Service Management, etc. El término proviene del Lean Manufacturing o Lean Production, como filosofía genérica de gestión de procesos, términos acuñados anos después de que Toyota idease una forma de producción eficaz y eficiente, eliminado lo superfluo de sus procesos.

Por supuesto, todo ello puede aplicarse a la implementación de servicios TI, a su gestión, al desarrollo de software, a la gestión de proyectos, etc. sobre todo debido a dos factores:

  1. De un tiempo a esta parte es cada vez más frecuente pensar en TI en base a procesos, sobre todo desde la irrupción en masa de frameworks de buenas prácticas, normas y estándares de gestión, e.g. CMMI, ITIL, COBIT, ISO 20000, ISO 27000, etc.
  2. Estamos en plena crisis económica.

Dicho simplemente: hay mucho escepticismo sobre la aplicabilidad práctica y el éxito de todos esos frameworks que resultan muy complejos a los no iniciados (los clientes), y debido a la crisis económica todo lo que suene a reducir, simplificar, … ahorrar, es más que bienvenido (por los clientes).

Así pues, lo Lean se ha convertido en un poderoso argumento de marketing (otra vez) para que algunos vendan «nuevos» productos de gestión y «nuevos» servicios de consultoría, re-etiquetados pero que, muy probablemente, no son sustancialmente diferentes a lo que ya se venía ofreciendo.

¿O es que alguien prestaba servicios de adaptación de procesos a ITIL, por ejemplo, y lo hacía siguiendo al pie de la letra lo que ponía el manual correspondiente, sin entrar a comprender el negocio del cliente, su cultura organizativa, etc., y consecuentemente eliminado del modelo todo aquello que no aplicaba, no encajaba, etc.?

¿No será simplemente que el pragmatismo y el sentido común ahora tienen una etiqueta? ¿Una etiqueta más vendible?

Son suficientes preguntas para la reflexión, pero para ayudar en ella, ahí van un par de citas:

«Todo lo que hemos aprendido en la era industrial se ha orientado a crear más y más complicaciones. Pienso que ahora cada vez más gente está entendiendo que lo mejor es simplificar, no complicar. La simplicidad es la máxima sofisticación.»
John Sculley, Ex CEO de Apple y ex Vicepresidente de Pepsi.

Y del libro «The power of simplicity«:
«… la vida profesional es mucho más sencilla de lo que muchos creen. Lo que pasa es que hay demasiada gente dedicada a complicarla…»
Y más adelante da una receta simple y compleja a la vez para sobreponerse a la situación. A saber:
«… simplificar lo complejo y, sobretodo, no complicar lo simple«.
Jack Trout, Presidente de Trout & Partners.

Lo dicho, no hace falta tanto marketing, tanta fachada, para proporcionar valores que deberían ser consustanciales a la propia consultoría: el pragmatismo y el sentido común, para aplicar lo esencial, lo que aplica, lo que tiene valor y nada más.

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